Mi historia como solopreneur: $0 a $48.209 con mi primera app de IA en 12 meses
El 13 de septiembre de 2024, recibí el último correo de rechazo.
Llevaba 6 meses mandando CVs a Amazon, Google y mil empresas más. Siempre el mismo feedback: “Demasiado senior. Demasiado junior.”
Estaba cansado. Los ahorros se habían terminado. Había invertido todo en un camino que prometía mucho y no llegó.
Tenía que tomar el control de mi futuro.
Eso fue lo mejor que me pudo pasar.
En 12 meses desde ese correo:
- →AiSelfi facturó $48.209 en su primer año
- →Sumé 4 apps más al portfolio
- →Construí una audiencia de 8k compartiendo el proceso en LinkedIn
- →Conecté con builders increíbles desde todas partes del mundo
- →Recuperé el tiempo con mi familia — sin un jefe, sin un horario
Esta es mi historia.

10 años de mates
Mi historia no empieza con una app.
Empieza con Un Mate y con Polonia.
Me fui a Polonia hace 16 años por amor. Sin idioma. Sin contactos. Sin idea de qué iba a hacer.
Un día encontré un comprador polaco de yerba mate. No tenía producto. No tenía empresa. No tenía idea del mate. Es más, hasta ese momento no lo tomaba.
Pero alguien ya estaba comprando. Eso era suficiente.
Armé la primera exportación de accesorios en cuestión de días. Aprendiendo en el camino.
Esa primera venta me enseñó algo que tardé años en articular: vender lo que la gente ya compra es mucho más fácil que convencerla de algo nuevo.
Así nació Un Mate.
Lo manejé durante más de una década.

Pero la tendencia del mate en Europa empezó a enfriarse.
El mercado se achicó. Y yo me quedé atrapado en lo peor de ambos mundos: más trabajo, menos ingreso. Operaciones repetitivas. Logística que era un caos. Un negocio que yo mismo empecé a evitar abrir cada mañana.
Estaba cansado. Aburrido. Estancado.
Ya no quería ser emprendedor.
Vendí mi participación. Y no sabía qué venía después.
La promesa que nunca llegó
Decidí que la respuesta era estudiar.
Hice un máster en datos e IA en España. Invertí todos mis ahorros — 2 años de runway entre estudios y gastos de vida.

La promesa era clara: con el diploma, encontrar un trabajo bien pago en Tech iba a ser fácil. Recuperaría la inversión en pocos meses.
Nunca llegó.
Empecé a aplicar. Amazon. Google. Startups. Lo que encontraba.
6 meses de CVs. El mismo feedback siempre.
Demasiado senior por mis años emprendiendo. Demasiado junior en lo técnico. No encajaba en ningún lado.
Empecé a sentirme un fracaso. A dudar de cada decisión que había tomado.
A los 38 años, con 2 hijos en casa y mi mujer embarazada de 6 meses, sin ingresos ni ahorros, tuve que inventar el plan B.
El plan B
Por esa época descubrí la comunidad indie hacker.
Pieter Levels. Marc Lou. Tipos construyendo productos digitales solos, desde cualquier parte del mundo, sin pedirle permiso a nadie.
Esa era la vida que yo quería.
No tenía un equipo. No tenía inversión. No sabía programar. Pero tenía ganas, una laptop y acceso a ChatGPT. Por primera vez en años, eso era suficiente.
Y tenía un problema propio para resolver.
A mí nunca me gustó sacarme fotos. Durante todo el máster usé una foto familiar recortada para mis presentaciones. Al acercarse la graduación, me empezó a comer la cabeza la idea de que esa foto pixelada se iba a proyectar en una pantalla gigante frente a un auditorio de mil personas.
Intenté arreglarla con herramientas tradicionales. No funcionó.

Post graduación pensé: tuve un problema, tengo la IA, tengo el tiempo. Vamos.
En octubre de 2024 lancé AiSelfi.
Una app de fotos profesionales con IA. Construida a base de copy-paste con ChatGPT.

Mismo instinto que con el mate: el mercado ya existía en inglés — Estados Unidos lo estaba validando. Yo lo traje al mercado hispano antes que otros.
Mi intuición fue crear un producto ya validado junto a un problema personal.
Cobré desde el primer día. Sin versión gratuita. Quería saber si la gente pagaba de verdad.
Pagaron.
Desde el primer mes, los ingresos igualaban un buen sueldo en Polonia.
Por primera vez en años, vi claro que podía vivir de esto.
Lo que no había hecho en 10 años
Anuncié el lanzamiento de AiSelfi en LinkedIn el mismo día.
Con la incomodidad de siempre — ese “¿quién soy yo para hablar de esto?” que conoce cualquiera que arranca.
Lo hice igual.
Diez años con Un Mate sin compartir nada. Diez años de aprendizajes guardados para mí solo.
Esta vez decidí mostrar el proceso. Errores incluidos.
Y seguí construyendo apps.
Qué IA Es para tener un canal propio que distribuyera mis apps.
Don Prompt y Lanza Tu App con los recursos que yo mismo estaba usando para construir.
En un año sumé 5.604 seguidores compartiendo todo.

Empezaron a escribirme personas de toda Latinoamérica.
Gente con las mismas ganas, los mismos miedos, la misma sensación de que el indie hacking era para otros — para los que saben programar, para los de Estados Unidos.
No era el único raro queriendo esto desde su rincón del mundo.
Lo que descubrí en el camino
El vibe coding no me dio una herramienta.
Me dio el descubrimiento de que me gusta crear cosas.
No soy creativo en el sentido artístico. Pero me fascina ver un problema, imaginar una solución y hacerla real.
Eso es lo que había perdido en los últimos años del mate, cuando ya no estaba creando. Solo administrando.
El vibe coding le pone esa misma herramienta en la mano a cualquier persona no técnica con una idea.
Y me devolvió las ganas de volver a emprender — esta vez con mis propias reglas.
¿Se puede vivir de esto? Sí.
¿Es fácil? No.
¿Es posible? Absolutamente.
Si vos sos como yo — no técnico, con curiosidad por construir, con la sensación de que la IA es una oportunidad pero no sabés bien por dónde meterte — seguí el proceso conmigo.
Voy a seguir construyendo en público. Errores incluidos.
Si hay algo que me llevaría de todo esto, es esto: el día que dejé de buscar trabajo fue el día que empecé a construir el mío.
Te estoy bancando.
— Jon
¿Tenés un negocio y querés explorar qué podría construirse con IA?
Contame tu problema